Esta es una
bocanada de aire gruesa,
de párrafos
largos y pesados
para una
historia igual de larga y pesada.
De política escribo poco por dos razones: Me considero poco
experta en el área y siento que estando inmersa en este conflicto de país mi opinión
siempre será parcializada pero, haré el ejercicio de exorcizarme ante esta
coyuntura política; que me perdone quien deba perdonarme.
Pero, hago el ejercicio ciudadano de evaluar el camino
recorrido. Hoy miro hacia atrás y solo pienso: tengo 27 años de edad y de ellos
he vivido 17 años con el mismo gobierno; sí el mismo, porque según el discurso
oficial Chávez es todo y uno es Chávez y toda esas cosas que es el mismo
discurso de fanático religioso que critican todos los extremistas políticos pero,
que al final, practican al pie de la letra, en fin. Ha sido tiempo suficiente para
cumplir lo prometido y soñado y lamento informarles que no somos una potencia
mundial, que no hay seguridad para nadie, que hay muchos niños en la calle (ahora
con armas atracando a libre albedrio), que cambiamos a Carlos Andrés Pérez por
Diosdado Cabello.
En 17 años de este gobierno he madurado y tomado como decisión:
no perder ninguna amistad por asuntos políticos… Lamentablemente, he tenido que
perder algunas, hasta cierto punto, porque se han tenido que ir del país. Ha
sido vivir en una guerra interna; que en ocasiones se ha exteriorizado: tuve
que decidir irme de mi barrio, dejar mi familia, porque a diario los
delincuentes de la zona se “entraban a tiro” (expresión común en cualquier
barriada venezolana) y durante semanas no me dejaban dormir por miedo a
amanecer con una balazo en cualquier parte del cuerpo ¿Qué los desplazados solo
se dan en Europa y África? No, queridos compatriotas, en Venezuela hay
desplazados a diario, como yo, o simplemente cuando te reprimes de pasar por
una calle porque roban por allí, te desplazó la delincuencia ¡Entérate!
Más allá de ello, me gusta hacer el ejercicio de ponerme en
el lugar del que considero “otro”, el que no se parece mucho a mi y me da temor
pensar que el único motivo por el que este gobierno sigue teniendo éxito (más
allá del ventajismo, los chanchullos, las dádivas…) es porque sigue reflejando
nuestras frustraciones y complejos como nación y en medida más justa como
personas. Si yo no me he aceptado pobre y el populista de turno insulta a los
ricos, yo lo aplaudo; si yo no me he aceptado negrito y chiquito y el gobierno
veja al alto catire, yo lo aplaudo; sino me he aceptado greñúo y antisistema y
el gobierno me pone en un afiche (léase un método de asimilación e
incorporación al sistema) me pongo a aplaudir como foca y así no pare usted de
poner ejemplos. La crisis va a la persona que no se acepta, es una crisis de
nuestra ética, es un grupito gubernamental que capitaliza a su favor todos
nuestros vacíos.
Con respecto al expresidente Hugo Rafael Chávez Frías. Mi
pensar hacia él no ha cambiado ni un ápice porque haya fallecido… Siento que se
ha ganado su puesto en la historia, eso sí, tal cual como fue su aparición en
la escena pública: ¡A golpes! Lamento, profundamente, que teniendo el destino
de una nación entre sus manos se haya permitido transitar por las fáciles
veredas del populismo en lugar de atravesar el campo abierto y engorroso de la
democracia tan soñada por nuestro pueblo en una campaña un poquito más “Admirable”
¡Qué lástima! Sin embargo, no se le pueden pedir peras a un cocotero: si usted
es un militar que está acostumbrado a obedecer; usted espera que cuando detente
el poder todos le obedezcan, y esta fue la práctica bolivariana, no se puede
ser tan inocente y esperar algo distinto. Solo que fuera del cuartel las reglas
son otras: se debe dialogar, discutir, mediar, respetar, proponer, construir.
No todo se arregla a punta de fusil; lo lamento por el militarismo nostálgico,
la falta de figura paterna, de “hombre que nos meta en cintura” y demás taras
del machismo reprimido y falsamente superado que habita en nuestras mentes y que
nos ha hecho colocar en la silla presidencial a un “macho vernáculo” que lo que
nos dio fue cogotazos.
Quienes siguen votando por este gobierno “porque no quieren
votar por la oposición”; solo me gustaría que comenzaran a definir su vida POR
LO QUE QUIEREN más que por lo que no; y se respondan a si mismo si este
gobierno SÍ es lo que ellos quieren. Solo les comento con franqueza que veo a nuestros
mandatarios y no me enorgullezco de ninguno, indíquenme de dónde sacan fuerza
para su fanatismo. Solo espero que jamás te roben, te secuestren, que no se te
muera nadie por falta de tratamiento, que no se te vaya del país un amigo por
falta de posibilidades, que no atraquen a tu hija, en fin, que no te
arrepientas de esta opción que respaldas.
Y si yo fuera chavista…
Me quemaría las manos cada vez me provocara comprar por
Amazons un par de zapatos Adidas porque es fruto de la explotación a pueblos
hermanos.
Ni de broma me metiera en un supermercado que no fuera Mercal
para no andar dando de comer a ningún especulador que de seguro anda por allí.
Me mudo al primer Barrio que se me atraviese para poder ser
uno con el “Pueblo Mesmo” y de seguro que viviría bien porque ya ni malandros
ni droga ni armas se ve en esos sitios porque fueron exterminados gracias a la
revolución.
Pero, es obvio que ninguno va a hacer esto, porque son
medidas absurdamente extremas y que no tienen ningún asidero con la realidad. Creo
que si yo fuera chavista asumiría que ya llegamos al extremo de la cuerda, que
es tiempo de doblar el brazo, sí, de doblegarse porque estos nuevos tiempos nos
están exigiendo respuestas nuevas, en la que todos nos declaremos opositores a las realidades que no nos conviene, más que ser adeptos a ilusiones moribundas. En resumidas cuentas porque esta pelea de niños no va para ningún
lado… o mejor dicho: sí va para algún lado, para que la Mamá Vida nos siga
dando correazos.