“No se te caen las estrellas”, la
primera vez que escuché esta frase fue de la instructora de un curso al que me
estaba inscribiendo. Esa fue su respuesta cuando le dije que era comunicadora
social pero, me estaba dedicando a limpiar.
He vuelto sobre este tema, otra
vez: Conozco ingenieros repartidores, fotógrafos camareros, administradores
taxistas, diseñadoras reposteras y médicos cocineros. Es alucinante el proceso de
desdoblamiento que experimenta una persona emigrante. Hábitos, trabajo,
palabras, vida; cambias y te replanteas en todas tus dimensiones.
Pero, contrario al dicho, a todo emigrante
sí se le caen las estrellas, el firmamento y su cielo entero cuando dio el
portazo al salir de casa, de su casa. A unos se le clavan en los pies y le dificultan el camino, les van pinchando mientras se mueven.
A mi, como a muchos, se me cayeron las estrellas en el corazón, se me cayeron en forma de arco al revés, como signo de auxilio para mi país y
recordatorio de que debo mantener una sonrisa brillante, deslumbrante. La luz
de las estrellas de tu firmamento se guardan en el corazón para irradiar luz en
los senderos que te toque transitar.