Sí, así de rápido y volando otro mes.
La anécdota
Tuve mi primer empleo aquí en el que desayunaba
mi arepa a la venezolana; almorzaba con palitos chinos (mucho arroz), con dos
bolivianos, dos colombianos, tres chinos, tres españoles, un filipino y un
nigeriado; en la tarde tomaba té con un marroquí, y cenaba con mi familia
ecuatoriana. La interculturalidad que “flipas”, como dicen aquí. Desdoblar lo conocido para dar apertura al compartir con la variedad del otro, hacer contacto con su forma de ver, comer, sentir, creer, vivir. Entran en discusión todas las seguridades que hemos tenido en nuestra vida para entrar en la zona del aprendizaje continuo ¡Qué flipas! ¡Qué chévere!
Este mes ha sido multisentimientos.
ALEGRÍA: Trabajé por primera vez en una tienda
de chinos, como dependiente (vendedora).
IRONÍA: Me despidieron pasada las dos semanas,
(el día de mi cumpleaños: la mueca más grande del mundo).
APRENDIZAJE: Nunca me habían despedido de un
trabajo, menos el día de mi cumpleaños, (ya sé que se siente, eso es ganancia),
tengo otro cuento para contar.
La espectadora
Ver las redes sociales es ver una vitrina de
horror que tortura la esperanza y nubla los propósitos.
“DICTADURA”: Me eriza la piel como ya hemos
titulado a pierna suelta el gobierno venezolano; una y otra vez suena: DICTADURA.
Lo he leído muchas veces en libros, pero, nunca me imaginé ser parte de una DICTADURA.
Al final de este mes se me hace imposible
hablar de Venezuela y que no se me nuble la vista.
Giros
Ha sido un
constante:
Fregona en lugar de
mopa.
Balleta en lugar de
trapito para la cocina.
Percha en lugar de
gancho para ropa.
Sudadera en lugar de
sweater.
Glorieta o rotonda
en lugar de redoma.
Móvil por celular.
Tirar por botar.
Coger por agarrar.
¡Qué Way! es como ¡Qué
chévere!
¡Qué flipas! es como
¡Qué enloqueces!
Las chicas de Gran
Vía son las de “La Libertador” o “La luz eléctrica”
Y pare usted de
contar.
La Semana Santa de misiones, trabajo, sudor y
fe popular se transformó en días en la casa, procesiones programadas, ilusiones
y oraciones autoadministradas. Mi fe se acrisola en el cambio y es delirante
como Dios atraviesa nuestros sentidos, como su universalidad desgarra nuestras
distancias, como su presencia barre nuestras desesperanzas porque para Él, NADA
es imposible.