Me da vueltas en la cabeza sus matices y aquel “Valiente”. Es una palabra que nos ha perseguido desde nuestra génesis como nación: Valiente Bolívar, conquistador de libertades; valiente los guerrilleros de la política, valiente la guarimba; el patea bombas... Idolatramos la fotografía del caído que cobra importancia luego de desplomarse: Negro Primero, Ruiz Pineda, Neomar.
“Tengo que ser valiente, valiente, subir mi voluntad a otro nivel”, pues, no me podría sonar en la cabeza otra cosa que no fueran estos paisanos, Nacho y Víctor Muñoz, es que en Venezuela se sufre gozando. Me pregunto qué es ser valiente ya que, pareciera ponerse de moda la bendita palabra, y encontré tantos rastros de ella a mi alrededor:
Valiente es Andrea que se vino a Madrid con su metro de altura, su sonrisa tierna, su carrera a media y solita.
Valiente es Miguel que la primera vez que se montó en una avión con vuelo internacional fue para irse.
Valiente son todas las mamás, papás y abuelitos que aprendieron a echar la bendición desde notas de Whatsapp, que aprendieron a hablar a diario por videollamadas con sus hijos y nietos, esos mismos que no sabían ni cambiar el televisor, esos que te decían: ¡Mijo usted que sabe manejar este perol, hágame un favor!
Valientes los que se fueron a ser papás en otras tierras sin saber cambiar un pañal. Y los que optaron: o me enamoro o me voy; después de todo no era ni tan necesario casarse antes de los treinta o graduarse en los cinco años.
Valiente son mis muchachos que están montando un musical en pleno valle de balas.
Valiente son los chamos que siguen yendo a clase. María José que presentó la tesis con excelencia.
Valiente es Maerielita que decidió ser mamá, decidió dar vida entre tanta escasez. Kathe y Armando que construyen un mundo para Isabella.
Valiente es mi hermana que sigue con la bodega, que hoy vende sal y mañana apio pero, que no deja de vender.
La valentía no es una corona de Miss es un pesado escudo que nos destroza los nudillos pero, nos protege la cabeza.