miércoles, 19 de diciembre de 2018

De ser mujer

Por estos días que las redes se llenan de discusiones sobre concursos de mujeres bellas. Por estos días en los que tanto me veo tan cuestionada por mi gremio.

Tenemos que aprender a pedir perdón sin intensión de manipular. Tenemos que aprender a regalar rosas sin sentirnos antinaturales.

Tenemos que arreglar tuberías, disfrutar de un juego de fútbol y abrir nuestros frascos sin que esto nos haga sentir superiores. Porque si te sientes superior por ello estás ratificando el machismo que denuncias y que quieres abolir, que se nos quite lo ilusas.


Borra de tu lenguaje: “¡Él tiene!”, ¡Él no tiene nada! Deja de sentir que el mundo tiene una deuda contigo y así el peso que está sobre tus hombros se aligere y seas libre, que fue para lo que naciste: para ser libre.


Tus ovarios no van conectados a la hornilla de la cocina, ni sus manos a tus pesos. Así que es hora que te deje de causar gracia que yo no sepa cocinar porque solo develas la vieja colonial que se esconde detrás de tus atavíos de modernidad.


Quiérete, déjate querer como quiere quererte. La dulzura no está peleada con la fortaleza, por el contrario está cargada de una fuerza titánica. La ternura y la dulzura inquebrantable nos hace únicas, no las subutilices.






martes, 11 de diciembre de 2018

En red: enrredados


Adoradas, maldecidas, odiadas, necesitadas: las redes sociales llegaron para quedarse. Y nosotros enredados entre pros y contras.


Veo a diario las publicaciones en redes sociales, soy de los que se quedaron pegados en ellas. El revuelo de que todos podemos producir contenido está reordenando el mundo de las comunicaciones; para mi, es una experiencias maravillosa y alucinante de la cual debemos observar, aprender y experimentar. Sé que s
obre este tema volveré pero, deseo ir dejando algunas concreciones:

Influencers y cualquier hijo de vecino se han dedicado a recomendar y sugerir desde trucos caseros para descongelar el pollo hasta ropa de alta costura. Hoy asistimos a un acto maravilloso y realmente revolucionario: el vivir la publicidad y promoción cómo un acto de agradecimiento. El consumo se baña de cotidianidad cuando cada artista muestra qué crema usa, qué zapatos se compró y solo dice “Gracias, Fulano, por tu producto”.

La sobreexposición de la vida cotidiana, la necesidad de contarlo y mostrarlo todo me descalabra un poco. Sin embargo los agradezco porque las historias de Instagram se han transformado en una suerte de revista personal, de circuito cerrado de cámaras de vigilancia a través de las cuales nos podemos enterar de todo lo que hacen nuestros seres queridos (esto incluye artistas que no tienen ni idea de que existimos pero para nosotros son nuestro "amigos").

Me da miedo la popularización de la superficialidad, el vivir de la apariencia y de lo que se muestra más allá de lo que se es. Vivir en una suerte de ansiedad por vivir la vida del vecino qué resulta más “cool” que la mía, olvidando que uno fotografía y un vídeo son solo una selección de la realidad, y tanto selección como “realidad” son claramente manipulables.

Me preocupa la aspiración del triunfo por “el batacazo” por “el golpe de suerte” gracias a que se ha viralizado un vídeo o una fotografía tuya, éxito que por efímero y fulgurante me resulta peligroso. En contraposición a ello puede resultar las redes una vitrina de muestra para el talento que pulula por el mundo; esto me parece “una pasada”, como dirían en Madrid, algo genial.

Pero, enciendan las alertas y no sean babeadores de teclado observando lo que los otros hacen y viven mientras el tiempo se te pasa. Ve, inspírate y haz. Date la oportunidad de experimentar, errar y triunfar.

Creo que asistimos a una etapa de la humanidad donde se desdibujan los límites generacionales.  Este fenómeno de las redes no es de una edad, no es para los chicos, ellas en si son una edad, como lo fue la edad del bronce, del hierro. Estamos en la edad de las redes, aspiro no seamos monos jugando con hojillas. 


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jueves, 19 de julio de 2018

De nuevo...


Aún en el aire se siente el sudor mundialista, la multiculturalidad, las discusiones acaloradas de xenofobia y nacionalismos no desaparecen de las redes y yo solo logro verme viéndote: 


Son hijos de inmigrantes.

Ellos han tenido que emigrar.

Probablemente de enamoren de una inmigrante que tenga aroma a su tierra.

Quizás sus hijos tendrán que emigrar, (esperamos que no sea a otro planeta).

Esto es lo que pienso cuando veo a tantos amigos míos cuyos abuelos y padres llegaron a nuestras tierras y hoy ellos vuelven a las suyas con nuevas búsquedas y por detonaciones similares.

Migrar pudiera ser un mimo de nuestros pies a la tierra. Y quiero desatanizar nuestros movimientos por este gran patio mundial. Estos movimientos parecieran ser una danza con los tiempos, siempre contemporánea, desenfadada y en ocasiones hasta agresiva que nos desestabiliza y nos arranca los vestidos que están demás.

Vamos viendo rostros más francos y polifacéticos. Yo que soy de familia y padres venezolanos, que nunca he comprendido otro desayuno que no sea con café y una sonrisa de mi mamá hoy puedo comprender cómo trabajan hasta los domingos, cómo cada encuentro para comer en familia es una fiesta, cada miga de pan cuenta, cómo te olvidas de las manos derruidas y solo piensas en avanzar y qué se siente ser paisanos.

viernes, 22 de junio de 2018

Lo impostergable


Después de tantas imágenes motivacionales solo nos queda preguntarnos ¿Y la felicidad pa’ cuándo?

Apelando a la “lógica” argumentamos con estupor que cómo la gente se casa, tiene bebés, viaja, se toma unas birras estando en Venezuela o de emigrante “con lo pelúa que está la vaina”.  Pues, estos fueron los tiempos que “nos tocaron vivir” , así como otros les tocará la guerra nuclear.

Soy una mujer de fe y solo digo que: Jesús no dejó de degustar el vino de la última cena y dejar allí su sangre a sabiendas de que horas después sufriría el látigo de la injusta muerte.

El vivir  es impostergable:

Amarnos y dar frutos.

Reírnos de las tonterías del día. Y en el caso de mucho de nosotros hacer los chistes más ácidos de las realidades más subyugantes.

Refrescar la garganta con una cerveza, si se puede.

Luchar sin tener victorias aseguradas.

Enamorar y enamorarte.

Porque no hay condiciones idóneas, la vida no se cultiva en cápsulas de petri sino crece en la tierra entre sus nutrientes e impurezas.

Que el dedo sirva menos para señalar y más para recoger una lágrima que resbala por una mejilla agrietada, para apuntar al cielo mientras cantamos un ritmo puyuo, para comernos la gota del chocolate sobrante o para probar la salsa de mamá antes de que te dé con la paleta.

Es impostergable el erizarse, la sonrisa, el crecer, el abismo en el estómago, estos no entienden de condiciones política ni económicas.

Mientras, vamos a combatir un rato más, amarnos más, hasta que las cosas salgan como deseamos.



sábado, 2 de junio de 2018

En años mujer


Recientemente he cumplido 30 años de edad: ¿He subido un escalón o me ha caído la tercera planta tectónica encima? Ando descubriéndolo.


De lo que tengo claridad es que existe una suerte de ciclón de edades coexistiendo adentro. Suprimo en esta frase el sujeto porque no quiero adjudicarme este fenómeno solo a mi misma o a un sujeto cobardemente colectivo que tampoco tengo certeza de que exista, dejemos la frase en libertad:

La niña: las ganas de sentarnos en las escaleras de la casa porque no queremos salir o llegar siguen intactas.

La adolescente: existe el candor del amor de quinceañera, esa capacidad avasallante de enamorarnos, de querer, de correr, de jurar.

La fuerza y la independencia de hace cinco años cuando tenía 25, sólo que ahora ya has aprendido a manejar y vas derrapando en la pista.

Cierta clarividencia que te otorgan los 30 porque eso ya o lo viviste o te lo intuyes.

Las mañas y manías de la cuarentona: doblar bolsas, las peleas por la basura y el sucio de la casa, el vértigo del paso del tiempo.

Es un montón de trozos de edades que están dentro en agitación constante por los vientos de estos tiempos. Forman un ciclón omnipresente que no para de revolucionar.

¡Curioso elemento el tiempo!

viernes, 25 de mayo de 2018

Hoy

En este preciso momento siento el peso de la historia que hemos construido, cómo se desploma sobre los hombros.

En este preciso momento se nos agrietan las manos del esfuerzo.

En este preciso momento siento la asfixia de la vida herida.

En este preciso momento me siento agradecida por la decisión que más me ha dolido en mi vida: estar fuera de Venezuela.

En este preciso momento agradezco el haber perdido unos cuantos dedos mientras desataba mis manos... Ahora me faltan dedos pero, tengo manos que puedo extender.

En este preciso momento me duele la espalda pero, tengo espalda.

En este preciso momento nadamos en un océano de cemento y vinagre pero, no se me ha olvidado el sabor a Mar Caribe.

En este preciso momento comprobamos en nuestra propia espalda llagada la textura del peso de la cruz y hacemos práctica eso de abrazarla.

En este preciso momento desprovistos de escudos y armas comenzamos a fabricar las nuestras.

En este preciso momento yo opto por ser una ráfaga de paz en medio de la tormenta.

En este preciso momento “Lloro, amo y sueño”.

viernes, 27 de abril de 2018

INTOLERANTE


Estar un tiempo a solas me ha permitido descubrir muchas cosas que no me gustan… Pues, aquí el ejercicio del exorcismo personal:

...


Intolerante a la superficialidad que crea tantos patinadores de oficio sobre livianas capaz de nada congelada. Capas que con espontaneidad se quiebran ante el golpe de la  franqueza y el tiempo.

Intolerante al público de pasillo.

Intolerante a la ingratitud en cantidades industriales.

Intolerante al que desdeña lo que no ha sido capaz de vivir.

Intolerante a las decisiones definitivas y monolíticas esas que vienen bajo el título de la “LAAAA SOLUCIÓN” a sabiendas que la solución es un ejército tamaño pulga de soluciones y medidas.

Intolerante a la poca valoración y aceptación que tiene lo inacabado, el intento y lo experimental, porque en el intento ya está el tesoro del triunfo y la vida.

Intolerante al que con su llaga quiere llagar al alma sana que le extiende su cura.

Intolerante al deseo inaudito del NO cambio.

Intolerante  al anhelo del logro sin esfuerzo.

Los NO logrados


Hay temas que nos cuestan hablar, por lo general son aquellos en los que no hemos triunfado... los que no han llegado a feliz término.

Sin duda para mi una de las pérdidas más difíciles ha sido aceptar que luego de 11 años de relación: vida, historias y hasta propuesta de matrimonio multitudianaria no habría llevado a feliz término... Él tiene su versión de la historia, del fin, yo tengo la mía pero, como el texto es mío:

Tocó superar: miradas y abrazos de lástima: “Ay pobrecita”, la hiel del “fracaso”, el abismo del nuevo comienzo; el reproche y rechazo al hoy; en definición gráfica: como quedas luego de que te revuelca una ola.

Pero, ¿qué hay luego de esto? En mi caso: el haber experimentado el amor en todas sus etapas: nacimiento, crecimiento, consolidación y culminación. Las ansias de volver a comenzar. El perdón, el perdón que sabe a ron, sí a ron: dulce, seco y regañón. La humildad de saber que tendrás que aceptar algunos "no" de la vida, o por lo menos unos “no, por ahora”.

Con esos objetivos no logrados no me encariño, pero los guardo en el lugar de honor que se merecen porque su amargura me ha hecho ser mejor catadora, no tener un paladar de frágil azúcar, saber degustar el picante en su justa medida.

Seguiremos intentando... Y escribiendo.