En incienso envuelta el
religioso te transcribe,
como tesoro tallado en páginas de perla.
Dedos sabios a la luz de la vela te transita,
dedos cubiertos por el verdor de las huertas domésticas y
monásticas.
Dedos que solo conocen cuentas del rosario te miran
yemas de dedos que consagran a un Dios de pan.
Dedos bañados de tinta de imprenta.
Dedos que a la calle te van a llevar.
Dedos de lenguas latinas.
Conquistadores de tierras hacen tus páginas viajar.
Dedos talladores, con pólvora entre ellos, con harina y
comino entre uñas.
Dedos del campo leen de mirra y vino,
aunque solo han tomado carato y olido el mastranto.
Dedos amarillo, oscuros y pardos.
Entumecidos, de niños negros y blancos.
De uñas pintadas naranjas y escarcha. De manos ateas y
letradas.
Hoy siguen recorriendo tus doradas palabras que sana y
emanan lágrimas humanas.
En bit se resguardan tus verdades sagradas,
redimiento al hombre que en su desierto te clama,
al pasar la página en su acrílica Palabra
¡Oh biblia amada!
