viernes, 29 de marzo de 2019

Furia


A este texto le cambié el título cuatro veces porque con la boca partida es muy difícil modular.
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Vamos caminando con una bolsa de plásticos que cubre nuestra cara apaleada, está atada a nuestro cuello, nos asfixia.

¡Somos venezolanos!

Avanzamos con un pie a cada lado del abismo: uno en el lugar en el que estamos y otro en tu casa, porque no dejas de llamar al otro lado “la casa”, “donde mi mamá”, “en Venezuela”.

En ese abismo pululan miedos, oscuridades físicas y espirituales, frustraciones, interrogantes y soledades y allí vas haciendo de saltimbanqui en el filo del purgatorio.

Guardar silencio para no vomitar toda la tormenta que llevamos. Mirada al cielo o al suelo. Esquiva.

Estos trechos de oscuridad se me presentan como necesarios, lógicos y hasta sanadores. Nos han hecho más vulnerable, pero al mismo tiempo más comprensivos. Hemos degustado la humanidad en los huesos. Solo pido que la furia se transforme en una fuerza de creación y no en un escupitajo de letras en la red ¡No estamos solo pa´eso!
Hasta el que se arrastra no deja de avanzar.



viernes, 22 de marzo de 2019

He aprendido

Ya pasaron dos años desde que salí de Venezuela y comencé a vivir en España. Y aparentemente ese 16 de febrero pasó de este año sin pena ni gloria, pero no, este texto ha estado destilándose letra a letra y he querido compartir algunas cosas que he aprendido los días de estos dos años:

He aprendido a prescindir de tantos accesorios.

He aprendido que quizás la austeridad es una de las mejores formas de vivir. Menos puede resultar mucho más, porque te deja espacio para lo realmente esencial. Después de todo, no necesitaba tanto.

He aprendido a que el cansancio no es juego: puede consumirte la vida. Es necesario asumirlo, verlo a los ojos, tratarlo y superarlo.

He aprendido que un trabajo no define tu vida. Sí la actitud con la que lo llevas.

He aprendido que la vida te golpeará el ego tantas veces sea necesario hasta que decantes lo que realmente es importante para ti: para ti. No el deber ser, no para el mundo, no para otros ¡Para ti!

He aprendido a prestarle un poco más de atención al contenido y menos al empaque: pero en serio, entiéndase como empaque: nacionalidad, ropa, forma física, nivel educativo, lo que te “envuelve”.

He aprendido que los ancianos son un tesoro para nuestra humanidad, son la alforja que guarda nuestra memoria. Su vejez es motivo de ternura.

He aprendido que son los tiempos de Dios y no los míos. Y obviamente, yo tengo mis prisas, pero, él realmente entiende mis necesidades profundas.

He aprendido que tu tesoro es lo vivido, pero sino lo inviertes se devalúa.

He aprendido que las situaciones difíciles sacan de qué estás hecho, sacan la materia prima. En unos hay más valor que el diamante pulido, que el oro puro, en otros solo humo y polvo; pura nada, puro espejismo.

He aprendido que, si aprendes a decir gracias, lo tendrás que decir muchas veces.

Y quiero seguir aprendiendo, viviendo, al fin y al cabo, en la práctica, son sinónimos.

viernes, 15 de marzo de 2019

Máquina de la gratitud


En estos tiempos de dificultad hemos extendido nuestras manos a todos por doquier y con mal sabor, en ocasiones, tendiendo nuestras manos la hemos recogido con los dedos mordidos.

Me quedo perpleja cómo escasea la gratitud. Ayudar y ayudar y al final recibir solo la respuesta grosera de quién se queja cuando ya no puedes ayudar más, olvidado lo que has recibido con anterioridad. La memoria corta es un cáncer que nos corroe.

Para ello he decidido pensar en varias cosas que nos pudieran ayudar para ser más agradecidos:

Hazte una fotografía, más que panorámica, una fotografía 360º para que veas quienes están contigo.

Tomate un selfied llorando para que veas lo feo que te ves, y entenderás el valor de quien te vio así y aun así se quedó un rato.

Toma una tiza y escribe en una pizarra una lista de favores que has recibido y debes devolver en algún momento.

Haz una lista del amor que te han dado, sin pedirlo en ocasiones, y recuerda siempre que EL MUNDO NO TE DEBE NADA, naciste sin pedirlo y de allí para adelante solo debes esforzaste para nutrir y aportar lo que has recibido: LA VIDA.

¿Genera dolor la ingratitud?: Sí. ¿Nos vamos a cerrar como una cebolla y ponernos maloliente?: No. Considero que debemos practicar la bondad a diario, es necesaria, no importa la respuesta que recibamos pues, su respuesta habla de ellos no de ti. Ahora bien, “el amor no quita conocimiento”, como me decía Sor Yuri, por ende, NO SE QUEDE ALLÍ; ¡muévase! Hay otra mano que necesita su calor, hay mucho bien por hacer. Todo lo que se da, como el viento, en algún momento
 regresará.