viernes, 22 de marzo de 2019

He aprendido

Ya pasaron dos años desde que salí de Venezuela y comencé a vivir en España. Y aparentemente ese 16 de febrero pasó de este año sin pena ni gloria, pero no, este texto ha estado destilándose letra a letra y he querido compartir algunas cosas que he aprendido los días de estos dos años:

He aprendido a prescindir de tantos accesorios.

He aprendido que quizás la austeridad es una de las mejores formas de vivir. Menos puede resultar mucho más, porque te deja espacio para lo realmente esencial. Después de todo, no necesitaba tanto.

He aprendido a que el cansancio no es juego: puede consumirte la vida. Es necesario asumirlo, verlo a los ojos, tratarlo y superarlo.

He aprendido que un trabajo no define tu vida. Sí la actitud con la que lo llevas.

He aprendido que la vida te golpeará el ego tantas veces sea necesario hasta que decantes lo que realmente es importante para ti: para ti. No el deber ser, no para el mundo, no para otros ¡Para ti!

He aprendido a prestarle un poco más de atención al contenido y menos al empaque: pero en serio, entiéndase como empaque: nacionalidad, ropa, forma física, nivel educativo, lo que te “envuelve”.

He aprendido que los ancianos son un tesoro para nuestra humanidad, son la alforja que guarda nuestra memoria. Su vejez es motivo de ternura.

He aprendido que son los tiempos de Dios y no los míos. Y obviamente, yo tengo mis prisas, pero, él realmente entiende mis necesidades profundas.

He aprendido que tu tesoro es lo vivido, pero sino lo inviertes se devalúa.

He aprendido que las situaciones difíciles sacan de qué estás hecho, sacan la materia prima. En unos hay más valor que el diamante pulido, que el oro puro, en otros solo humo y polvo; pura nada, puro espejismo.

He aprendido que, si aprendes a decir gracias, lo tendrás que decir muchas veces.

Y quiero seguir aprendiendo, viviendo, al fin y al cabo, en la práctica, son sinónimos.

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