He descubierto que no sé extrañar como lo hacen
todos, no me siento triste, aunque desee estar con la gente que amo, ellos se
han transformado en un motor de lucha.
Nuevo trabajo
Trabajé una semana en una inmobiliaria y pues,
eso de vivir de ventas nunca ha sido lo mío así que me fui a trabajar en una
compañía de limpieza, sí de limpieza con lo que he aprendido varias cosas:
1.- A
las personas les infarta más que una licenciada limpie en España a que no pueda
pagar sus necesidades básicas en Venezuela, trabajando como licenciada. Nos
toca limpiarnos de prejuicios profundamente.
2.- Este
país es desarrollado no porque tenga un sistema de transporte genial, ni por
sus museos, ni por sus calles sino porque he experimentado el mismo trato digno y cariño (siento
la chica que limpia) que el que dan al propietario del lugar en el que limpio.
Equipararnos, más allá de nuestras ocupaciones, es una muestra de crecimiento social: no es lo que hacemos lo que nos
define es lo que somos, es nuestro ser. Por eso no dejo de hacer crónica de
este camino, por eso mientras barro solo pienso, creo, planifico y proyecto… Aprendo.
3.- Y cómicamente: ¡Lo hago bien! Se sorprenden porque lo hago
muy bien y me felicitan. Y solo digo una cosa; desde el oficio que tengamos
los venezolanos, DEBEMOS hacerlo bien, distinguirnos por nuestra
eficiencia, es el mayor aporte que podemos dar de momento a nuestros
compatriotas: dejar la puerta abierta para los que viene detrás.
A diario
Es muy extraño porque tu oído desarrolla un
radar para detectar a venezolanos hablando y se cruzan los sentimientos porque:
1.- Te encuentras a “los venezolanísimos” (así
decidí apodarlos): los que se alegran y te abrazan como si te conocieran de
toda la vida: allí en su corazón también, está sembrada la tierra que les vió
nacer.
2.- Los fantasmas: los que están quebrados por
dentro; los que en tu acento, que es también, el suyo; solo escuchan el
fantasma del lugar de donde viene huyendo. A ellos no los juzgo por verme como
si estuviera cubierta de mugre, en ellos solo veo inseguridad, deberán de
curarse.
3.- Y los “como yo” que como no saben si se van
a encontrar “venezolanísimos” o “fantasmas” solo escuchan con atención en el
metro, mientras sonríen y agradecen a Dios por su gente.
Experimento una tripolaridad en mis redes
sociales:
1.- Los que publican a sus hijos, sus Baby
Shower, sus viajes por el mundo y ese “cómo debería de ser el mundo feliz”.
2.- Bombas lacrimógenas, perdigonazos,
lágrimas, discursos de reivindicación, dictadura, gritos de libertad, jóvenes
ensangrentados. Mi país en llamas y gas. A esto añado el inciso de respeto y
agradecimiento que tengo con quienes luchan honestamente por redireccionar
nuestro rumbo como país. Las marchas “temáticas”: mujeres, abuelitos, músicos,
médicos, en el exterior, estudiantes y pare usted de contar solo puedo resumirlo como
un gran “’¡Todos estamos obstinados de este rollo”; hay cansancio, que nos
lleva a salir; este gobierno tiene que entenderlo, ¡TIENE!
3.- Un atlas de países pues, todos mis amigos
están diseminados en el mundo así, que con solo abrir mis redes sociales viajo
desde el centro de Caracas hasta Estambul.
Y pues, al final de este paseo web la alegría,
el dolor, las disyuntivas y la dispersión arman un pogo de Ska en mi pecho.
Y como se habrán dado cuenta todo viene de tres,
ya son tres meses.