lunes, 31 de octubre de 2016

Diálogo de dedos y páginas

En incienso envuelta el religioso te transcribe,                                                                              
como tesoro tallado en páginas de perla.

Dedos sabios a la luz de la vela te transita,
dedos cubiertos por el verdor de las huertas domésticas y monásticas.

Dedos que solo conocen cuentas del rosario te miran
yemas de dedos que consagran a un Dios de pan.

Dedos bañados de tinta de imprenta.

Dedos que a la calle te van a llevar.

Dedos de lenguas latinas.

Conquistadores de tierras hacen tus páginas viajar.

Dedos talladores, con pólvora entre ellos, con harina y comino entre uñas.

Dedos del campo leen de mirra y vino,
aunque solo han tomado carato y olido el mastranto.

Dedos amarillo, oscuros y pardos.

Entumecidos, de niños negros y blancos.

De uñas pintadas naranjas y escarcha. De manos ateas y letradas.

Hoy siguen recorriendo tus doradas palabras que sana y emanan lágrimas humanas.

En bit se resguardan tus verdades sagradas,
redimiento al hombre que en su desierto te clama,
al pasar la página en su acrílica Palabra

¡Oh biblia amada!


lunes, 10 de octubre de 2016

Brillantes


Los últimos días he estado rodeada de personas brillantes, sin duda siempre han estado pero, estos días han sido notorias. Ante estas personas, que solo puedo calificar de BRILLANTES, solo puedo guardar silencio, son personas que me neutralizan; no suelen venir en los envoltorios comerciales, es decir, rompieron o les faltó para llegar al 90-60-90 o a la portada de la revista pero, sin duda son mucho más interesantes y ojalá sigan abundando.

Las personas brillantes son como un terrón de sal; sí, de sal; no como uno de azúcar que nos pudiéramos llevar a la boca y disfrutar de cómo se derrite ella. Son de sal porque no pueden ser consumidas por una sola persona; deben estar disueltos entre toda la masa, en toda la sopa para poder dar gusto y no repugnar; por eso quizás su dificultad para relacionarse con amigos y amores; sus espasmos de silencio y amargura;  sus manías, y a veces hasta parecieran causar ese escozor de la sal en la heridas; he allí  la incomodidad en la cercanía, la sequedad y la brillantes.

La sencillez

De igual forma humanizan la utilidad y la sencillez de la sal. Disfrutan de las cosas sencillas: un pan dulce, una conversa en una silla de mimbre, un LP de acetato, una comida bien hecha,  un café en aquella cuadra a la que solían ir con su papá de niños, se quedan detenidos en una línea de texto, en una textura, en un cuadro aparentemente vacío. Creen y viven el "lees is more" ("menos es más").

Las personas brillantes se reconocen por los ojos. Mirar en ellos es caer en un abismo de posibilidades en el que te sientes trágicamente a gusto.


miércoles, 5 de octubre de 2016

Re-vernos

Como aquellos actores revelación del año el popular "Selfie" (autofoto) llegó un día de forma sorpresiva y para quedarse. A través de las redes sociales los hemos visto en días de paseo, mostrando el maquillaje nuevo de muchas chicas, debajo del agua, de artistas, en las movidas nocturnas, saltando en parapente o peligrosos como el de un hombre en el brazo del Cristo de Corcovado, en Río de Janeiro. Para algunos se ha convertido en un requisito indispensable para mostrar su vida paso a paso, podría aventurarme a decir que en ningún momento de la historia de la imagen se han producido tantos autorretratos.

Esos segundos de silencio con esa sonrisa o mueca sostenida pueden ser señalados como otro signo de superficialidad y egocentrismo más de nuestros tiempos; sin embargo, creo que es necesario profundizar un poco más en es
ta curiosa práctica. Con el lente de nuestra cámara hemos apuntado a la naturaleza, a nuestras musas, al espacio, a la “nada”, a lo cotidiano, en un esfuerzo insaciable de capturar a nuestro entorno; de arrancar ese trozo de belleza a lo existente. Qué curioso que ya hemos incluido en nuestra lista de fotografiables a nuestra propia humanidad. Hemos percibido el vestigio de belleza de la propia cotidianidad, hemos posado nuestra mirada sobre nuestra vida como hecho creado y digno de ser fotografiado.

¿Qué vemos en ese autorretrato?, que valga señalar pasa por los miles de ensayos y descartes antes de ser publicados en las redes sociales, no podría precisar dicha respuesta pero, sí qué buscamos en este ejercicio fotográfico: buscamos re-vernos, buscamos volver a ver ese rostro que aparece en el espejo de la mañana y que se ha quedado capturado en nuestra memoria durante el paso de los años de nuestra vida. Buscamos vernos desde nuestros ojos, en nuestras diversas facetas, que otros vean cómo nos percibimos, jugamos a ser unos ojos extraños que desean ser maravillados por un ángulo sorpresivo de nuestra propio ser.



viernes, 16 de septiembre de 2016

Mirar en el otro

Recientemente, he observado con una fascinación casi obsesiva una escena que se ha hecho casi cotidiana para las personas que vivimos en mi ciudad:

La comandancia ha pasado de ser un recinto temporal para los privados de libertad a un depósito en el que se acumulan personas en una celda que tiene ventana abierta hacia la calle, ventana que nos permite ver a los transeúntes los ancianos, hombre, mujeres y adolescentes que conviven en esa deterioradas cuatro paredes este amargo paso de la vida. Sí, todos juntos y revueltos, unas tres docenas de personas.

La repulsión que siento hacia el sistema que allí los recluye no contagia a sus personas, sí, siguen siendo personas. Detallo sus sonrisas eventuales que se asoman por dicha ventana, sus miradas viejas y perdidas que se postran en ese negro y enyerrado marco.

Bendigo el deseo que ha sembrado Dios en nuestra alma de ver la bondad.

En el incomprensible, la fascinación de la novedad.
En el dictador, el hombre apasionado y embelesado por sus ideales.
En el drogadicto, la búsqueda del amor en el humo.
En el huraño, lo deleitante de la mueca que dibuja su escasa sonrisa.
En la adversidad, la delirante alegría de la irónica vida.


 Dios nos bendice cuando nos ha dado la capacidad de ver el bien.


Mandarria

















Mientras derribo un ladrillo de ese edificio mental.

Gritaré, atiende mi mirada.

Me importa poco esa muralla.

Gustas sin likes.

Me has visto con demasiado miedo a las apariencias.

Hay demasiados escombros en tanta juventud.

Miro tu mirada profunda.

Tu oscuridad que deslumbra.


PD: Aunque prefieras admirar el edificio.

miércoles, 20 de julio de 2016

Haciéndolo mal

(Después de un día contaminado: escuchar "Sorry" de Beyonce y escribir, cuando la "H" no es muda)












Hay días llenos de noche
Hay corazones hechos de cristales parabrisas que se quebrantan con un golpe y permanecen fragmentados
Hay melazas amargas
Hay un “si hubieses llegado en otro momento serías menos infierno y más primavera”
Hay dudas certeras
Hay miradas repletas de lágrimas que se transforman en sol, mar, arena y playa.
Hay ira, hay vida comprimida
Hay parques de cristal con niños de hierro teñidos de calle y de luchas añejas encrispadas de viento
Hay tristezas vencidas
Hay una taza de agua enardecida


Sed de antítesis contra los siempre

Ella siempre come menos
Ella siempre es más delicada
Ella siempre es menor
Ella siempre es
más bajita
Ella siempre pesa menos
Ella siempre es más ordenada
Ella siempre sabe cocinar
Ella siempre se arregla cuando le gusta alguien
Ella siempre espera que la besen
Ella siempre habla más educada
Ella siempre es menos mal encarada
Ella siempre se sienta derecha
Ella siempre sabe donde trae la cabeza
Ella siempre recibe sorpresas
Ella siempre, ella siempre, ella siempre

(Texto en construcción con tantas ellas)

viernes, 1 de julio de 2016

Retazos de texto con contexto

Encender la computadora y escribir.

“Nos ha pegado duro la adultez”, comentaba con Mauxi. Sin duda, la vida se plantea como un aluvión de… de todo.

“Te extraño mamá, ya llegué a la residencia”, “hermana, que mal que no nos vimos este fin pero, mi sentido pésame por el perro que murió”, “ya tengo listo el apostillado del título” La habitación se tapiza de frases con autores procedentes de distintas latitudes.

Hace días nuestra vida se ha transformado en un muro de publicaciones en la que cada quien deja su comentario quizás, por eso andamos buscando las miradas profundas para anclarnos y allí sentir y sentar un hogar, que es tan efímero como un chinchorro en la Luna.

Nos hicimos más sensibles a la franqueza y a la fraternidad. Aprendimos a amar el modesto cariño. La amistad es la tabla de la cual como náufragos nos aferramos en abrazos desventurados condenados a culminar, abrazos que recordamos como puntos suspensivos.

Se desdibujó la línea: ya la casa es oficina y la oficina patio abierto de juegos y de risa. Se almuerza el mismo sabor y se rumea café para sentirse en casa; arrancar de cada rincón un rostro de casa. Cada día es un reencuentro y en cada rostro familiar ya hay una familia.

Se ha convertido en extraño el no estar en un lugar extraño cada tres días, olvidamos cuando estuvimos todo el mes en la misma ducha. Se ha transformado en rutinario el sentirse hospedados, será el preámbulo que nos prepara al desarraigo, el descolocamiento que se nos ha tatuado en el rostro.
Siempre seremos vecinos del desconocido, mendigos de distancias, huéspedes agradecidos, nómadas de la posmodernidad.