viernes, 1 de julio de 2016

Retazos de texto con contexto

Encender la computadora y escribir.

“Nos ha pegado duro la adultez”, comentaba con Mauxi. Sin duda, la vida se plantea como un aluvión de… de todo.

“Te extraño mamá, ya llegué a la residencia”, “hermana, que mal que no nos vimos este fin pero, mi sentido pésame por el perro que murió”, “ya tengo listo el apostillado del título” La habitación se tapiza de frases con autores procedentes de distintas latitudes.

Hace días nuestra vida se ha transformado en un muro de publicaciones en la que cada quien deja su comentario quizás, por eso andamos buscando las miradas profundas para anclarnos y allí sentir y sentar un hogar, que es tan efímero como un chinchorro en la Luna.

Nos hicimos más sensibles a la franqueza y a la fraternidad. Aprendimos a amar el modesto cariño. La amistad es la tabla de la cual como náufragos nos aferramos en abrazos desventurados condenados a culminar, abrazos que recordamos como puntos suspensivos.

Se desdibujó la línea: ya la casa es oficina y la oficina patio abierto de juegos y de risa. Se almuerza el mismo sabor y se rumea café para sentirse en casa; arrancar de cada rincón un rostro de casa. Cada día es un reencuentro y en cada rostro familiar ya hay una familia.

Se ha convertido en extraño el no estar en un lugar extraño cada tres días, olvidamos cuando estuvimos todo el mes en la misma ducha. Se ha transformado en rutinario el sentirse hospedados, será el preámbulo que nos prepara al desarraigo, el descolocamiento que se nos ha tatuado en el rostro.
Siempre seremos vecinos del desconocido, mendigos de distancias, huéspedes agradecidos, nómadas de la posmodernidad. 



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