domingo, 25 de agosto de 2019

Era necesario


Gracias, Sra. Vida, por todas las veces que me ha dicho: ¡No! ¡Jódete! Porque me has hecho más fuerte, más consciente, menos idiota.

Era necesario. 

Es necesario agradecer.

Por las veces que les partiste las rodillas a mis estúpidas certezas, las costillas a mis creencias infundadas, porque me hiciste más vulnerable y sabia.

Por las veces que me diste una patada tan fuerte que me sacó del terreno masticando sangre, pero me permitió ver desde otro ángulo el terreno. Después de todo, la sangre sabe a óxido, a hierro, a fuerza, es vida.

Gracias por las zarandeadas que me han descolocado y obligado a recolocar. Es necesario remover el terreno para que crezca la vida.

jueves, 22 de agosto de 2019

Del camino

La experiencia de hacer turismo puede tergiversarse por las redes sociales como la ilusión de acumular fotografías en lugares reconocidos: ¡Qué desperdicio!

Qué desperdicio cuando vas devorando a mordiscos superficiales la tierra que pisas. Es un desperdicio que no te logres impregnar con el alma de cada lugar que conoces, que no te des el tiempo de conectar con la esencia de cada lugar que transitas, con el humor de su gente, los sabores y olores de sus calles, los susurros de sus paredes, las señales de sus cielos, los guiños de sus palabras.

Abandonamos la profundidad del peregrino, nos deshicimos de la curiosidad del turista y nos conformamos con los delirios de falsos influencer.

Recorramos el mundo para amarlo más, no para coleccionar postales que se enmohecen, así sean digitales. Viajemos para abandonar nuestras seguridades, para reconocer la riqueza de su variedad, para teñir nuestra lengua de sus amargos y de sus dulzores, nuestra mirada de sus tonos. Frotemos nuestros pies con sus texturas, percibamos la atmósfera de sus esquinas palpitantes de vida, escuchemos las voces del camino.

Que el viajar nos haga más humanos, más humus, más de la tierra, más consciente de nuestra propia tierra, de nuestro talón que pisa la tierra.