viernes, 27 de abril de 2018

INTOLERANTE


Estar un tiempo a solas me ha permitido descubrir muchas cosas que no me gustan… Pues, aquí el ejercicio del exorcismo personal:

...


Intolerante a la superficialidad que crea tantos patinadores de oficio sobre livianas capaz de nada congelada. Capas que con espontaneidad se quiebran ante el golpe de la  franqueza y el tiempo.

Intolerante al público de pasillo.

Intolerante a la ingratitud en cantidades industriales.

Intolerante al que desdeña lo que no ha sido capaz de vivir.

Intolerante a las decisiones definitivas y monolíticas esas que vienen bajo el título de la “LAAAA SOLUCIÓN” a sabiendas que la solución es un ejército tamaño pulga de soluciones y medidas.

Intolerante a la poca valoración y aceptación que tiene lo inacabado, el intento y lo experimental, porque en el intento ya está el tesoro del triunfo y la vida.

Intolerante al que con su llaga quiere llagar al alma sana que le extiende su cura.

Intolerante al deseo inaudito del NO cambio.

Intolerante  al anhelo del logro sin esfuerzo.

Los NO logrados


Hay temas que nos cuestan hablar, por lo general son aquellos en los que no hemos triunfado... los que no han llegado a feliz término.

Sin duda para mi una de las pérdidas más difíciles ha sido aceptar que luego de 11 años de relación: vida, historias y hasta propuesta de matrimonio multitudianaria no habría llevado a feliz término... Él tiene su versión de la historia, del fin, yo tengo la mía pero, como el texto es mío:

Tocó superar: miradas y abrazos de lástima: “Ay pobrecita”, la hiel del “fracaso”, el abismo del nuevo comienzo; el reproche y rechazo al hoy; en definición gráfica: como quedas luego de que te revuelca una ola.

Pero, ¿qué hay luego de esto? En mi caso: el haber experimentado el amor en todas sus etapas: nacimiento, crecimiento, consolidación y culminación. Las ansias de volver a comenzar. El perdón, el perdón que sabe a ron, sí a ron: dulce, seco y regañón. La humildad de saber que tendrás que aceptar algunos "no" de la vida, o por lo menos unos “no, por ahora”.

Con esos objetivos no logrados no me encariño, pero los guardo en el lugar de honor que se merecen porque su amargura me ha hecho ser mejor catadora, no tener un paladar de frágil azúcar, saber degustar el picante en su justa medida.

Seguiremos intentando... Y escribiendo.