Hay temas que nos cuestan hablar,
por lo general son aquellos en los que no hemos triunfado... los que no han
llegado a feliz término.
Sin duda para mi una de las
pérdidas más difíciles ha sido aceptar que luego de 11 años de relación: vida,
historias y hasta propuesta de matrimonio multitudianaria no habría llevado a
feliz término... Él tiene su versión de la historia, del fin, yo tengo la mía
pero, como el texto es mío:
Tocó superar: miradas y abrazos
de lástima: “Ay pobrecita”, la hiel del “fracaso”, el abismo del nuevo
comienzo; el reproche y rechazo al hoy; en definición gráfica: como quedas luego
de que te revuelca una ola.
Pero, ¿qué hay luego de esto? En
mi caso: el haber experimentado el amor en todas sus etapas: nacimiento,
crecimiento, consolidación y culminación. Las ansias de volver a comenzar. El
perdón, el perdón que sabe a ron, sí a ron: dulce, seco y regañón. La humildad
de saber que tendrás que aceptar algunos "no" de la vida, o por lo
menos unos “no, por ahora”.
Con esos objetivos no logrados no
me encariño, pero los guardo en el lugar de honor que se merecen porque su
amargura me ha hecho ser mejor catadora, no tener un paladar de frágil azúcar,
saber degustar el picante en su justa medida.
Seguiremos intentando... Y
escribiendo.
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