Son hijos de inmigrantes.
Ellos han tenido que emigrar.
Probablemente de enamoren de una inmigrante que tenga aroma
a su tierra.
Quizás sus hijos tendrán que emigrar, (esperamos que no sea a
otro planeta).
Esto es lo que pienso cuando veo a tantos amigos míos cuyos
abuelos y padres llegaron a nuestras tierras y hoy ellos vuelven a las suyas
con nuevas búsquedas y por detonaciones similares.
Migrar pudiera ser un mimo de nuestros pies a la tierra. Y quiero
desatanizar nuestros movimientos por este gran patio mundial. Estos movimientos
parecieran ser una danza con los tiempos, siempre contemporánea, desenfadada y
en ocasiones hasta agresiva que nos desestabiliza y nos arranca los vestidos
que están demás.
Vamos viendo rostros más francos y polifacéticos. Yo que soy
de familia y padres venezolanos, que nunca he comprendido otro desayuno que no
sea con café y una sonrisa de mi mamá hoy puedo comprender cómo trabajan hasta
los domingos, cómo cada encuentro para comer en familia es una fiesta, cada
miga de pan cuenta, cómo te olvidas de las manos derruidas y solo piensas en
avanzar y qué se siente ser paisanos.