jueves, 19 de julio de 2018

De nuevo...


Aún en el aire se siente el sudor mundialista, la multiculturalidad, las discusiones acaloradas de xenofobia y nacionalismos no desaparecen de las redes y yo solo logro verme viéndote: 


Son hijos de inmigrantes.

Ellos han tenido que emigrar.

Probablemente de enamoren de una inmigrante que tenga aroma a su tierra.

Quizás sus hijos tendrán que emigrar, (esperamos que no sea a otro planeta).

Esto es lo que pienso cuando veo a tantos amigos míos cuyos abuelos y padres llegaron a nuestras tierras y hoy ellos vuelven a las suyas con nuevas búsquedas y por detonaciones similares.

Migrar pudiera ser un mimo de nuestros pies a la tierra. Y quiero desatanizar nuestros movimientos por este gran patio mundial. Estos movimientos parecieran ser una danza con los tiempos, siempre contemporánea, desenfadada y en ocasiones hasta agresiva que nos desestabiliza y nos arranca los vestidos que están demás.

Vamos viendo rostros más francos y polifacéticos. Yo que soy de familia y padres venezolanos, que nunca he comprendido otro desayuno que no sea con café y una sonrisa de mi mamá hoy puedo comprender cómo trabajan hasta los domingos, cómo cada encuentro para comer en familia es una fiesta, cada miga de pan cuenta, cómo te olvidas de las manos derruidas y solo piensas en avanzar y qué se siente ser paisanos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario