martes, 11 de diciembre de 2018

En red: enrredados


Adoradas, maldecidas, odiadas, necesitadas: las redes sociales llegaron para quedarse. Y nosotros enredados entre pros y contras.


Veo a diario las publicaciones en redes sociales, soy de los que se quedaron pegados en ellas. El revuelo de que todos podemos producir contenido está reordenando el mundo de las comunicaciones; para mi, es una experiencias maravillosa y alucinante de la cual debemos observar, aprender y experimentar. Sé que s
obre este tema volveré pero, deseo ir dejando algunas concreciones:

Influencers y cualquier hijo de vecino se han dedicado a recomendar y sugerir desde trucos caseros para descongelar el pollo hasta ropa de alta costura. Hoy asistimos a un acto maravilloso y realmente revolucionario: el vivir la publicidad y promoción cómo un acto de agradecimiento. El consumo se baña de cotidianidad cuando cada artista muestra qué crema usa, qué zapatos se compró y solo dice “Gracias, Fulano, por tu producto”.

La sobreexposición de la vida cotidiana, la necesidad de contarlo y mostrarlo todo me descalabra un poco. Sin embargo los agradezco porque las historias de Instagram se han transformado en una suerte de revista personal, de circuito cerrado de cámaras de vigilancia a través de las cuales nos podemos enterar de todo lo que hacen nuestros seres queridos (esto incluye artistas que no tienen ni idea de que existimos pero para nosotros son nuestro "amigos").

Me da miedo la popularización de la superficialidad, el vivir de la apariencia y de lo que se muestra más allá de lo que se es. Vivir en una suerte de ansiedad por vivir la vida del vecino qué resulta más “cool” que la mía, olvidando que uno fotografía y un vídeo son solo una selección de la realidad, y tanto selección como “realidad” son claramente manipulables.

Me preocupa la aspiración del triunfo por “el batacazo” por “el golpe de suerte” gracias a que se ha viralizado un vídeo o una fotografía tuya, éxito que por efímero y fulgurante me resulta peligroso. En contraposición a ello puede resultar las redes una vitrina de muestra para el talento que pulula por el mundo; esto me parece “una pasada”, como dirían en Madrid, algo genial.

Pero, enciendan las alertas y no sean babeadores de teclado observando lo que los otros hacen y viven mientras el tiempo se te pasa. Ve, inspírate y haz. Date la oportunidad de experimentar, errar y triunfar.

Creo que asistimos a una etapa de la humanidad donde se desdibujan los límites generacionales.  Este fenómeno de las redes no es de una edad, no es para los chicos, ellas en si son una edad, como lo fue la edad del bronce, del hierro. Estamos en la edad de las redes, aspiro no seamos monos jugando con hojillas. 


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