miércoles, 21 de octubre de 2020

Mudarnos

Me está costando mucho escribir, mientras muchas ideas me van dando vuelta en el cabeza. Está sucediendo demasiado en este año 2020 que pareciera ser un siglo. No quiero caer en lugares comunes y quiero ser franca. Este año catastrófico, que nos ha puesto a prueba, que nos ha revuelto tanto, me ha dado la posibilidad de tener tiempo, de remover la tierra y va dando frutos.

¡Me he mudado!


Siempre fui muy reacia a las mudanzas. Sentía que eran sinónimo de inestabilidad, cada vez he aprendido que se trata menos de ello y más de búsqueda. Hacer de un piso de alquiler un espacio propio ha sido la tarea de estos días. Llenar su atmósfera de mi color, del olor propio, de la familiaridad; es una tarea que lleva días y paciencia.

Una amiga, muy querida, me decía: ¡Estamos agarrando como hobby esto de mudarnos! Ciertamente, hemos tenido que hacer, desempacar y rehacer tantas veces estas maletas que ya vamos tomando pericia. Vamos descubriendo que lo importante es lo que vamos dejando en los lugares que hemos habitado. Podemos vivir con pocas camisas, con unas cuantas ollas y con muchos desayunos compartidos con gente amada.

¡Tengo plantas nuevas! ¡Cuánto nos enseñan los seres vivos! Me dan la bienvenida al día con sus hojas verdes y brillantes, pero, he tenido que aprender qué les hace bien a cada una, si necesitan poca o mucha agua; porque los excesos de unas pasan como carencias para otras. Cada una me va dando señales día a día del bienestar o malestar que experimentan; para percibirlas debo dedicarles tiempos. Después de todo, todos los seres vivos: humanos, animales y plantas no somos tan distintos. Si relees este párrafo estas mismas observaciones aplican a las personas.

Seguimos pintando historias...