Después de tantas imágenes motivacionales solo nos queda
preguntarnos ¿Y la felicidad pa’ cuándo?
Apelando a la “lógica” argumentamos con estupor que cómo la
gente se casa, tiene bebés, viaja, se toma unas birras estando en Venezuela o
de emigrante “con lo pelúa que está la vaina”.
Pues, estos fueron los tiempos que “nos tocaron vivir” , así como otros
les tocará la guerra nuclear.
Soy una mujer de fe y solo digo que: Jesús no dejó de
degustar el vino de la última cena y dejar allí su sangre a sabiendas de que
horas después sufriría el látigo de la injusta muerte.
El vivir es
impostergable:
Amarnos y dar frutos.
Reírnos de las tonterías del día. Y en el caso de mucho de
nosotros hacer los chistes más ácidos de las realidades más subyugantes.
Refrescar la garganta con una cerveza, si se puede.
Luchar sin tener victorias aseguradas.
Enamorar y enamorarte.
Porque no hay condiciones idóneas, la vida no se cultiva en
cápsulas de petri sino crece en la tierra entre sus nutrientes e impurezas.
Que el dedo sirva menos para señalar y más para recoger una
lágrima que resbala por una mejilla agrietada, para apuntar al cielo mientras
cantamos un ritmo puyuo, para comernos la gota del chocolate sobrante o para probar
la salsa de mamá antes de que te dé con la paleta.
Es impostergable el erizarse, la sonrisa, el crecer, el
abismo en el estómago, estos no entienden de condiciones política ni
económicas.
Mientras, vamos a combatir un rato más, amarnos más, hasta
que las cosas salgan como deseamos.
