Esos segundos de silencio con esa
sonrisa o mueca sostenida pueden ser señalados como otro signo de
superficialidad y egocentrismo más de nuestros tiempos; sin embargo, creo que
es necesario profundizar un poco más en es
ta curiosa práctica. Con el lente de
nuestra cámara hemos apuntado a la naturaleza, a nuestras musas, al espacio, a
la “nada”, a lo cotidiano, en un esfuerzo insaciable de capturar a nuestro
entorno; de arrancar ese trozo de belleza a lo existente. Qué curioso que ya
hemos incluido en nuestra lista de fotografiables a nuestra propia humanidad.
Hemos percibido el vestigio de belleza de la propia cotidianidad, hemos posado
nuestra mirada sobre nuestra vida como hecho creado y digno de ser fotografiado.
¿Qué vemos en ese autorretrato?,
que valga señalar pasa por los miles de ensayos y descartes antes de ser publicados
en las redes sociales, no podría precisar dicha respuesta pero, sí qué buscamos
en este ejercicio fotográfico: buscamos re-vernos, buscamos volver a ver ese
rostro que aparece en el espejo de la mañana y que se ha quedado capturado en
nuestra memoria durante el paso de los años de nuestra vida. Buscamos vernos
desde nuestros ojos, en nuestras diversas facetas, que otros vean cómo nos
percibimos, jugamos a ser unos ojos extraños que desean ser maravillados por un
ángulo sorpresivo de nuestra propio ser.
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