martes, 28 de febrero de 2017

¡Suelta!

Recientemente me he topado con varios relatos biográficos bastante maravillosos e impactantes y también, he observado con detenimiento varias situaciones de vida propias y de personas cercanas lo cual ha generado en mi algunas ideas sueltas que nos invitan a soltarnos.

Es importante que se nos olvide el miedo a hacer el ridículo, una mala costumbre que heredamos de quienes en otrora fueron soñadores y hoy son fósiles extintos.

Y es que tenemos chantajeado al presente con una promesa de futuro; haciéndonos especialistas en sabotearnos la felicidad.

Quisiera que hicieras el ejercicio de cerrar los ojos y me dijeras: sino no existiera este cuerpo que nos encierra y define, sin edades, sin colores, ni contexturas; con quién estarías hoy, a quién elegirías, no para tomarlo de la mano porque no hay manos, sino para tomarlo del alma para ser juntos, no estar sino SER, que se parece más a vivir, que a simplemente el  permanecer.

Me he quedado en silencio unos minutos, cosa muy extraña en mi, para observar la pasión con la que habla la gente que tiene pasiones y la muerte que expide en su aliento el que decidió dejarse llevar como piedra por el oleaje. Es necesario aferrarse a la pasión como ese impulso eléctrico que nos descontrola pero, nos catapulta, quizás después del arrojo resultemos algo muertos, quizás se muerda el miedo, o se muera la seguridad o el apego, algo morirá solo algo, el resto quedará vivo. No podemos menos que vivir, no podemos, sería desperdiciar el tránsito por este mundo. Y la pasión no es bienestar, la pasión es arrastre y desestabilización de a ratos, es abandono del canal regular en ocasiones, es sonrisa en medio de la tormenta de arena, es irreverencia y contraste, es levitar en el jardín.
¡Gracias, Miguel Goncalves, por la volada!



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