jueves, 21 de noviembre de 2019

Mis estrellas


“No se te caen las estrellas”, la primera vez que escuché esta frase fue de la instructora de un curso al que me estaba inscribiendo. Esa fue su respuesta cuando le dije que era comunicadora social pero, me estaba dedicando a limpiar.

He vuelto sobre este tema, otra vez: Conozco ingenieros repartidores, fotógrafos camareros, administradores taxistas, diseñadoras reposteras y médicos cocineros. Es alucinante el proceso de desdoblamiento que experimenta una persona emigrante. Hábitos, trabajo, palabras, vida; cambias y te replanteas en todas tus dimensiones.

Pero, contrario al dicho, a todo emigrante sí se le caen las estrellas, el firmamento y su cielo entero cuando dio el portazo al salir de casa, de su casa. A unos se le clavan en los pies y le dificultan el camino, les van pinchando mientras se mueven.

A mi, como a muchos, se me cayeron las estrellas en el corazón, se me cayeron en forma de arco al revés, como signo de auxilio para mi país y recordatorio de que debo mantener una sonrisa brillante, deslumbrante. La luz de las estrellas de tu firmamento se guardan en el corazón para irradiar luz en los senderos que te toque transitar.

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