lunes, 16 de diciembre de 2019

Ser playa


Este texto tiene unas cuantas semanas merodeándome, fueron las palabras que se me quedaron trabadas en la garganta cuando en el retiro de adviento al que fui me preguntaron: ¿Dónde quieres colocar tu tienda? Metáfora que hacía referencia a dónde queremos establecer nuestra vida, nuestro ser. Yo quería responder: en la playa, y ya comento porqué, pero a las palabras se le adelantó el agua salada.

Los emigrantes son sobrevivientes de un naufragio. El revolcón de las olas que bate las arenas de un lado a otro, los destrozos y quiebres de barcos y de la fibra del fondo del mar. Nuestro mar se hizo turbio y hemos sido envestidos por la ola de la guerra, de la opresión, de la violencia, de la miseria.
Llegamos rotos y rasgados por las despedidas. Con los ojos enrrojecidos, más que por el salitre por el llanto. Con la piel tostada, no siempre por el sol, sino por los abrazos apretados que se han querido quedar allí hasta que te vean volver.

Pero, si algo es signo de esperanza para un náufrago es la playa, la playa como una promesa de tierra firme, como esa tabla de salvación a la que te aferras con uñas y dientes.
Quiero ser una persona playa. Que ha sentido el golpe del mar, que tiene la aridez de su textura pero, que brinda tibias arenas para que puedan caminar, tener un punto de apoyo, un lugar donde echarte a recobrar fuerzas, a disfrutar la brisa suave del cambio. La playa es signo de comienzo, es el comienzo de la tierra firme aunque podamos tambalear sobre ella.

Que podamos infundir al emigrante ese estado de paz que puede ser la playa, la playa como  un espacio de tregua entre la tierra y el mar; entre lo que hemos sido y empezamos a ser.
Ser playa de acogida, de arenas cálidas, de mirada cristalina y sonrisa espumeante.

2 comentarios:

  1. Suscribo tus hermosas y sentidas palabras!! Asi me siento, la descripción es perfecta!! un gran abrazo y sigue
    compartiendo tu sentir...yo también me siento playa aún más después de haber pasado el sunami!!

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