Este texto tiene unas cuantas
semanas merodeándome, fueron las palabras que se me quedaron trabadas en la
garganta cuando en el retiro de adviento al que fui me preguntaron: ¿Dónde
quieres colocar tu tienda? Metáfora que hacía referencia a dónde queremos
establecer nuestra vida, nuestro ser. Yo quería responder: en la playa, y ya
comento porqué, pero a las palabras se le adelantó el agua salada.
Los emigrantes son sobrevivientes
de un naufragio. El revolcón de las olas que bate las arenas de un lado a otro,
los destrozos y quiebres de barcos y de la fibra del fondo del mar. Nuestro mar
se hizo turbio y hemos sido envestidos por la ola de la guerra, de la opresión,
de la violencia, de la miseria.
Llegamos rotos y rasgados por las
despedidas. Con los ojos enrrojecidos, más que por el salitre por el llanto. Con
la piel tostada, no siempre por el sol, sino por los abrazos apretados que se
han querido quedar allí hasta que te vean volver.
Pero, si algo es signo de
esperanza para un náufrago es la playa, la playa como una promesa de tierra
firme, como esa tabla de salvación a la que te aferras con uñas y dientes.
Quiero ser una persona playa. Que
ha sentido el golpe del mar, que tiene la aridez de su textura pero, que brinda
tibias arenas para que puedan caminar, tener un punto de apoyo, un lugar donde
echarte a recobrar fuerzas, a disfrutar la brisa suave del cambio. La playa es
signo de comienzo, es el comienzo de la tierra firme aunque podamos tambalear
sobre ella.
Que podamos infundir al emigrante
ese estado de paz que puede ser la playa, la playa como un espacio de tregua entre la tierra y el mar;
entre lo que hemos sido y empezamos a ser.
Ser playa de acogida, de arenas cálidas,
de mirada cristalina y sonrisa espumeante.
Suscribo tus hermosas y sentidas palabras!! Asi me siento, la descripción es perfecta!! un gran abrazo y sigue
ResponderEliminarcompartiendo tu sentir...yo también me siento playa aún más después de haber pasado el sunami!!
Un besote, Merchyta, vamos surcando este Tsunami
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