Ver es un ejercicio de juicio.
Recientemente lo he sentido. Recientemente; tuve el buen gusto, según unos, y
la locura, según otros; de raparme un mechón de cabello. He sentido al montarme
en el Metro la mirada curiosa, las miradas que dicen “consume drogas”.
Pero sin duda, es interesante el
jugar con los propios prejuicios, con los del vecino. Y esta fue la respuesta que
hallé al preguntarme, ¿qué es raparse? Ha sido un ejercicio interesante, con
respuestas interesantes.
Raparse es abrir una ventana física
al alma. Recordar el propio hilo de masculinidad, ese que apela a la nada, a la
aridez, a la fuerza de los ausente. Raparse es un ejercicio de austeridad
estética para no olvidar que puede faltar lo que hoy presumimos. Raparse es un vacío
cambio de look. Un recordatorio. Una simple puntada.
Si se fijan no hay un porqué, no
lo esperen. Solo experiencia: He podido degustar estar del lado de “los raros”,
¡qué entretenida es la vida cuando se quiere vivir! Qué interesante las personas que saben
mirar los contrastes y allí no hallan contradicciones. Directo a los ojos y no
al maquillaje; a lo que importa, el que no pregunta por el envoltorio, que se cautiva
por el contenido.
(Y) Excelente.
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