Estoy rodeada de mujeres fuertes, de luchas y quimeras. Tal vez por ello me duelen tanto las lágrimas de las mujeres, tal vez veo en ellas las mías que tanto me golpean.
Hablo
con muchas de mis amigas a diario, con otras mujeres que tal vez no son mis
amigas. Con mis amigos y otros hombres. Hay mucho cliché en la percepción que
tenemos de ser mujer y hombre pero, sin duda hay mucho de verdad en el sentir
que he compartido al hablar con esos seres: mujer y hombre.
Recientemente,
en torno al ¡Bendito! 14 de febrero, día del amor y la amistad, de los enamorados
o de la patología colectiva pude percibí mucho de esos lugares comunes, de esos
miedos, de esas ansiedades. Atropelladas por peluches en la calle, deprimidas
por ramos de rosas, por declaraciones de amor que no les corresponden.
Pareciera algo absurdo, tonto, inclusive anticuado pero, me quedo perpleja de
cuánto daño puede hacer una fecha convenida para “demostrar” el amor. Cuánto no
se dice que está doliendo, cuánto el más mínimo detalle genera irritabilidad.
Sin embargo, no soy yo la que enviará flores…Trataré de escribirle a las que no
las recibirán:
Las
que no recibirán rosas optaron por ser menos complacientes.
Las
que no recibirán rosas se alejaron de ser princesas por conocer mejor el
bosque.
Las
que no recibieron rosas tenían más centímetros de tela.
Las
que no recibieron rosas no fueron sexys o tal vez no lo fueron en el momento
indicado, a destiempo o ante los ojos equivocados.
Las
que no recibieron rosas escribieron más y fueron menos motivo de poemas.
Las
que no recibieron rosas se conocieron más y se les descuadró los tiempos
del mundo.
Las
que no recibieron rosas transformaron su corazón en Iron Man.
Las
que no recibieron rosas se transformaron en su rareza.
Las
que no recibieron rosas transitaron miles de pastos sin compañía y paradas de
autobús.
Las
que no recibieron rosas ni roses se hicieron lentamente inteligentes…
artemisales.
Las
que no recibieron rosas probaron miles de hombros y ninguna mirada.
Las
que no recibieron rosas marcaron sus uñas en el papel.
Las
que no recibieron rosas fueron todas suyas.
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