Recientemente he cumplido 30 años de edad: ¿He subido un
escalón o me ha caído la tercera planta tectónica encima? Ando descubriéndolo.
De lo que tengo claridad es que existe una suerte de ciclón
de edades coexistiendo adentro. Suprimo en esta frase el sujeto porque no
quiero adjudicarme este fenómeno solo a mi misma o a un sujeto cobardemente
colectivo que tampoco tengo certeza de que exista, dejemos la frase en
libertad:
La niña: las ganas de sentarnos en las escaleras de la casa
porque no queremos salir o llegar siguen intactas.
La adolescente: existe el candor del amor de quinceañera,
esa capacidad avasallante de enamorarnos, de querer, de correr, de jurar.
La fuerza y la independencia de hace cinco años cuando tenía
25, sólo que ahora ya has aprendido a manejar y vas derrapando en la pista.
Cierta clarividencia que te otorgan los 30 porque eso ya o
lo viviste o te lo intuyes.
Las mañas y manías de la cuarentona: doblar bolsas, las
peleas por la basura y el sucio de la casa, el vértigo del paso del tiempo.
Es un montón de trozos de edades que están dentro en
agitación constante por los vientos de estos tiempos. Forman un ciclón
omnipresente que no para de revolucionar.
¡Curioso elemento el tiempo!

total y plena realidad...!!! excelente
ResponderEliminary esto sin mencionar la cama bien tendida, sentarse a comer cuando una lo dice, las gotas de agua que caen en el piso cuando se lavan las manos... un sin fin de cosas que asi como antes eran insignificantes ahora son cositas absolutamente visibles e irritantes jejejejjejjee
ResponderEliminarNos hacemos más especiales :) Gracias por leer y comentar... uuuuunnn abrazo
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