Les avisé a mis amigos que tenía
una nueva cuenta de Instagram y unos se quejaron de que les hacía seguir muchas
cuentas. Otra me dijo: Deja que salga de mis exámenes en 10 días y comenzamos hacerte una página web para que
publiques tus cosas.
Y quedé en silencio. Me detuve a
pensar.
¡Qué fortuna contar con la
amistad de quien aportar algo positivo a tu vida!
Me detuve a pensar en la relación
que existe entre la amistad y la colaboración, “los favores”. Me acordé de
aquellos amigos cuyos mensajes de whatsapp son sinónimo de petición de favor. ¡Cuánto
hay de ello en mi vida! ¡Hay que hacer una limpia de ello! Esto no es un reproche
hacia afuera, es un reproche hacia adentro. Es revisar: ¿Qué estoy permitiendo
yo en vida? ¿De qué la estoy llenando? No podemos descuidar la vida, la propia
casa, es necesario desempolvarla y quitarle trastos.
Al respecto otra amiga me decía:
Me estoy preguntando a mi misma “¿si hoy conociera a esta persona, sería su amiga?”.
Y ciertamente, es porque desde que nos conocimos hasta hoy hemos cambiado y las
relaciones también, deben evolucionar, aunque en ocasiones esto lleve a la
muerte porque ya hemos terminado nuestro recorrido con esta persona.
Ciertamente, todos tus amigos no
deben ser porritas pero, sí echarte porras de vez en cuanto, aunque a veces
vengan vestidos de regaños, de presencia, de sonrisas cómplices, de “¿cómo
estás?” inesperados.
Es importante revisar nuestras
relaciones, en especialmente la amistad. Es importante la gratuidad y la
gratitud. El que nuestra amistad aporte a la vida del otro, que no seamos un
parásito de nuestros amigos. Y que seamos capaces de ver lo que ellos aportan y
hacen por nosotros, reconociendo en ello un regalo que agradecer. Y que se
materialice las frases cliché de las redes sociales: ¡Que todo sea
recíproco!
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