Tengo solo 4 días sin salir de
casa y 3 años sin llegar a ella.
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| Viendo los detalles de estos días/años |
Como muchos estoy aprovechando
estos días para hacer limpieza: de deberes, de lista de pendientes, de hábitos
y propósitos olvidados… Yo quiero hacer limpieza de textos apuntados y de ideas
y pensamientos que se me han quedado dando vueltas en la cabeza.
Ya son tres años en España.
Mirando el camino recorrido hasta
hoy, puedo decir: Si se te cierra una puerta, y te quedas atrapado dentro, Dios
arranca el techo para que puedas mirar las estrellas, son arañazos de
eternidad. La sacudida de estos años me ha permitido despojarme de tantos
atavíos y recuperar mi mirada. Como persona, me ha dado tiempo de recuperarme
habiendo perdido tanto. Sí, el quedarte sin “nada” (si es que alguna vez tuve
algo) me ha permite volverme a mirar a los ojos con franqueza.
Qué interesante las personas que,
conmigo, se han bajado de su cómoda cama con los pies descalzos y se han
permitido sentir el frío del suelo, con los del suelo. Como venezolana, me he
dejado de tonterías, me he puesto a andar entre la gente, a sentir el frío piso
del emigrante y cuánto bien me ha hecho.
He estado molesta muchas veces,
mucho tiempo. Con las circunstancias, con mis decisiones, con las decisiones de
otros. Y esto lo llevo mal, pero cada vez me repito más: ¡Que tu furia se
transforme en fuerza de creación y no es un escupitajo de letras en un teclado!
Todos llevamos cruces solo que algunos no las publicamos en los estados,
recuerda que algunos te salpican con las tormentas de sus vasos y otros abren
surcos en su alma para embaular los ríos belicosos que le recorren por dentro.
Amigos que siguen respaldando al
chavismo, otros desagradecidos, otros mentirosos, otros envidiosos, otros
absurdos. He aprendido a renunciar a lo que ellos se “merecen”. Hay días en los
que he vivido con la tolerancia y la reconciliación que no quiero, pero es que
no quiero perder más días. Después de
todo, no es necesario querer a todo el mundo ni que todo el mundo te quiera;
basta con que unas cuantas personas te quieran bien. He experimentado que
mientras hay unas personas que les “fastidia” estar contigo hay muchas que te
están buscando, hay que dar el paso al encuentro y al perdón. Basta con
“recordar sin dolor”, diría Celia, eso es el perdón.
He caminado estos años acompañada
del crecimiento abrumador de las redes sociales. Que a unos les ha dado
depresión, a otros trabajo, a otros traumas y a otros compañía. A mi me han
permitido sentirme cerca de los que quiero, replantearme la vida y constatar la
miseria humana. Me he preguntado: ¿tu hermano es tu prójimo o tu seguidor? He
construido un amor, de aquí a Hong Kong. He nadado en el mar de la ironía:
todos querían ser virales hasta ahora que sí llegó un virus.
Me he dejado el cabello rizado.
Fue una decisión de un día para otro, de esas decisiones que no son de un día
para otro. Un día de verano (así de poético, pero nada poético) estaba “sudado
como pollo”, dicen aquí en España, mientras me planchaba el pelo y me miré al
espejo, y me sentí un poco idiota, vi la mirada prejuiciosa que tenía hacia mi,
esa que me veía mejor si tenía el cabello liso “arreglado”. Me sonó en la
cabeza todos los amigos que me decían “me gustan tus rizos”, “quizás deberías
de dejártelo siempre así”. Imaginé a Dios riendo y diciendo al crearme: y será
rizada para recordar que hay una parte de la vida que no puede controlar, y eso
está bien, eres de una parte divertida en la vida, no naciste para encajar. Y
como buena millennials, a buscar en YouTube cómo tratar este cabello.
Resultado: he ganado más tiempo para mi (no tengo que dedicar una hora a
secarme el pelo), ya puede llover cuando quiera sin que yo salga corriendo y en
profundidad me he reencontrado con una parte de mi: mi cabello me recuerda de
dónde vengo y lo agradecida que estoy con mi Caribe: ¡Gracias, Papá, por ser de
Barlovento, la tierra ardiente del tambor; porque soy un pan de leche con
guaguancó!
En este orden de ideas: ¿Qué
extraño? Extraño la playa, su verdiazul y mi conexión con la tibieza de sus
arenas y de los abrazos de mi mamá. Extraño ver crecer a mis sobrinos y ver
envejecer a mi papá. Este es el párrafo más corto porque es la grieta más
profunda.
Si me preguntaran qué es lo más
duro de estos años, diría que tener que cuidar de mi misma cuando estoy
enferma. Es bien sabido que la hermana migraña me visita una vez por trimestre
y, levantarme con la cabeza en la mano a hacer una manzanilla, vomitar la sopa
que yo misma me hice, ha sido el balde de agua fría de la adultez. Sin embargo,
me ha enseñado a darme tiempos de descanso, a entender que son señales de mi
cuerpo, que también somos cuerpo. Hielo para la cabeza, despejar la mente, un
automasaje, menos lácteos, una pastilla, acostarme y acordarme de mi, son
alguna de las soluciones.
Han sido tres años de depurar la
propia vida. De soltar y sentenciar: ¡Hay muchas cosas que ya no tengo que
decir, porque ya las dije!
Por unos días todos seremos
emigrantes sintiendo nuestros afectos a través de una pantalla, por unos días
nos reencontraremos con nuestros espacios y tareas cotidianas, por unos días
habrá tiempo. La proximidad de la hermana muerte nos reconcilia con la vida.
Así vivo a este Dios de paradojas.
Seguimos en cuarentena.

Qué bello y acertado como siempre. Así es, por unos días nos reencontramos con nosotros mismos, y le damos más valor a lo que cotidianamente no lo hacemos: la vida! Dios te Bendiga :)
ResponderEliminarDios te bendiga Yasury, estos tiempos que estamos viviendo a nivel mundial, es para darnos un tiempo para replantear nuestras vidas, un fuerte abrazo
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